RECORTES NO

martes, 7 de mayo de 2013

"¿Qué tal el chico?"

Habrá quien me entenderá y habrá quién no (perogrullada) pero me gusta mucho el matiz que en mi tierra se le da a "los chicos"...

"¿Qué tal el chico?", le he preguntado a mi vecino de escalera y, sobre todo, de párquing. "El chico" es su hijo de siete u ocho años que a veces veo y a veces no, cosas de los padres separados y que tiene un canario que traslada de casa materna a casa paterna en vacaciones pero que, por encima de todo, tiene miedo a Paco, nuestro perro. 

El padre del niño un poco más miedoso de lo normal (¿lo achacaremos también a la separación de sus padres?) es hijo de un oriundo de Huesca y por eso sabe que al hablar de "su chico" hablamos de su hijo, no su niño o su muchacho. "Su chico" lleva ímplicita una carga adicional de protección que no lo da el determinante posesivo, carga que, además, acumula un sentimiento de cariño especial...

Y me resulta enternecedor ese uso aragonés que de los chicos y las chicas hacían mis padres y mi abuela. "¿Dónde están los chicos?" y no preguntaban por mis hermanos varones sino por mis sobrinos pequeños, ellos y ellas, "los críos" a los que tenemos que guardar de los malos sueños y del frío y del hombre del saco.

"Y tú, ¿no tienes chicos?". Pues no, no tengo "familia", no tengo descendencia propia y directa como son los hijos. "Mis chicos" son mis sobrinos y algún sobrino putativo.

Este sábado fue la última de una generación la que se refirió a "los chicos" de la familia al hablar con mujeres cincuentonas de los mayores de la casa... Es la última protagonista de toda una generación que vivió la guerra y la emigración y la transición y que me ata a mis abuelos que no están como mis padres o mis tíos que tampoco están...

"La vida es un verbo y estamos aquí de paso como los pajaricos..."


lunes, 8 de abril de 2013

Llamadas (telefónicas o no)

Hace años que no lo hacía por las circunstancias y, sin embargo, cada vez más, me viene a la cabeza (y al corazón) la necesidad de llamar por teléfono a mi madre como siempre hice: a cualquier hora y por cualquier motivo. Como si su enfermedad hubiese sido un paréntesis que se hubiese diluido.

Ahora mismo me acaba de pasar: "voy a llamar a Madre a ver qué hace. ¿Habrá salido o estará en casa preparando su cortado o el de papá?".

Pero no. No están. Ni uno ni otro.

No hay dónde llamar.




lunes, 18 de marzo de 2013

Desde Cervera del Río Alhama llegó

... y era un fanfarrón más de boquilla que de otra cosa porque sin su mujer, siete años menor que él y su compañera durante casi 61 años de matrimonio, más casi tres de noviazgo, ni hubiese tenido la descendencia que tuvo, ni hubiese vivido como vivió, ni hubiese llegado a tener lo que tuvo.

Hoy hace un mes que se quedó dormido, agotado de llamarla toda la noche....

Para ti, Faus, cantarín, mucho; fanfarrón, otro tanto... una canción tuya...




 








miércoles, 27 de febrero de 2013

Cosas que nunca te dije

Descubrir esto, escrito por un señor, me anima a pensar que mis hermanos a lo mejor en su fuero interno piensan lo mismo de mi Madre...


Pedro Simón en su blog A simple vista

Nunca te dije que aún recuerdo la luciérnaga de tu beso en mi habitación. Nunca te dije que aquel cuento subrayado de Marco no se lo dejo tocar a mis hijos. Nunca te dije que, al levantarme, ahora siempre me golpeo con una de las cuatro esquinitas que tiene mi cama. Nunca te dije que hay mañanas en que siento la vida algo pesquera, ya ves, y creo que es porque he dado el estirón.

Pocas veces te dije "lo que quieras" o "no hay problema". Pocas veces "te lo mereces" o "te sienta fenomenal". No insistí con el "quédate a cenar" o el "me ocupo yo". Para ti fueron todos los "después" y todos los "luego", la charla del monosílabo y la distancia de la prisa.

Ahora sé que, de las cosas que dejaba sin hacer, lo de menos era la cama.

Siempre te dije nunca. Nunca te dije siempre.

(...)

Nada hay que nos iguale tanto, verán. Tiene madre Lex Luthor y tiene madre Diego Torres. Los malos de las pelis de Tarantino y Balotelli. El profesor de Matemáticas que suspendía a todo quisqui y Nacho Vidal. Tiene madre Darth Vader y también tenía madre Michel Salgado cuando lesionó a Juninho en una entrada por detrás. Corinna Zu Sayn-Wittgenstein y otras rubias como C-3PO. Es por ello que la mía siempre me pide respeto. "Uy, esas madres".

Vivimos en un burdel de neones y funcionamos como esos desalmados que se van nada más descargar dejando la cama tibia.

Ingratos en la memoria y generosos en el olvido. La madre como bayeta y como hucha. Como margen en blanco y como intermedio. Qué culpa tendrán ellas.

Nieva de madrugada en Zamora, nos sale este escalofrío y Antonio Lucas me abriga con la bufanda de León de Aranoa: "Llueve sobre el dolor de las madres, que es tres veces dolor".

(...)

Te dije que mañana en vez de hoy. Que sólo una vez y no todas las que quieras. Te dije que el plato estaba soso en vez de levantarme a por la sal.

Nunca te dije que fuiste la persona que me llevó a conocer el mar. Y la que corrió hacia mí aquella primera vez que tuve miedo.

"Antes de convertirme en madre tenía un centenar de teorías sobre cómo criar niños", decía Kate Samperi. "Ahora que tengo varios, sólo sé de una teoría: amarlos, especialmente cuando menos merecen ser amados".

Yo sólo te digo que mañana voy a comer, madre, para masticar a fuego lento el pasado que nos queda por delante. Que voy aunque te llame poco y no te celebre lo suficiente. Aunque apenas tenga arrestos para hornearte una palabra y llevártela caliente de postre. Ese pastel de siete letras donde diga lo que he venido a decirte: gracias. Gracias, madre. Por fin, siempre gracias.


viernes, 22 de febrero de 2013

Te asustaste.
En el final, te arrinconó
y te asustaste.
Llamaste sin cesar a
tu compañera.
Una vez. Otra vez.
"Pon bien mi mano".
Una y otra vez, ven.
Y vino a buscarte.
Al final, vino a buscarte.